Después del transcurrir de este cuatrimestre, y sobretodo gracias al paso por la asignatura Educación del Movimiento, nos hemos planteado una reflexión sobre nuestro modo de ver y plantearse la educación.
Podemos decir que en un principio nuestra visión de la educación era la transmisión de conocimiento por parte de un profesor hacia unos alumnos, y la forma de transmitirlos podía ser mejor o peor, en cambio, ahora pensamos que es más un intercambio de conocimientos entre profesor y alumnos y entre los propios alumnos, ya que no solo son importantes los conocimientos propios de la asignatura que imparte el profesor, y en los que podemos decir que la aportación es solo del profesor a los alumnos, sino que hay otros tipos de enseñanzas que hacen referencia a temas como la ética y moralidad, procedimiento y método de enseñanza, modos de ver las cosas y puntos de vista, etc. Que son cosas de las cuales nunca se deja de aprender y de las que cualquiera puede aportar cosas a cualquiera que quiera recibirlas, por eso pensamos que es importante fomentar la participación de los alumnos en el desarrollo de la clase, y obligarles a pensar y a razonar, no darles “todo hecho” y que simplemente escuchen, o hagan como que escuchen la lección que toque ese día y punto.
Y la idea aquí expuesta se vio reflejada en la última actividad de clase del viernes, en la que por un lado estaba la aportación del profesor (una caja), y después estaba la aportación de toda la clase (las cajas de todos los alumnos junto con la del profesor), y donde se veía claramente que la aportación de toda la clase era mucho mayor a la del profesor sólo. La cuestión es: ¿Son realmente importantes todas esas aportaciones o la que importa de verdad es únicamente la del profesor? ¿Merece la pena recibir todas y cada una de ellas?


