La pirámide nutricional es usualmente el
método utilizado para sugerir la variedad de alimentos que debemos consumir de
forma cotidiana para mantener una dieta equilibrada. Y la pirámide del gusto
define aquellos alimentos que más nos gustan, es decir, la comida que le gusta
a la sociedad. En esta reflexión trataremos de analizar cuál de estas dos
pirámides se impone sobre la ciudadanía.
Desde
pequeños nos enseñan a llevar un estilo de vida saludable, lo que conlleva
hacer ejercicio, llevar una dieta equilibrada y dormir 8 horas. Como bien dice
el refrán, “somos lo que comemos”, y de nuestra alimentación dependerá nuestro
estilo de vida y con ello nuestras formas, costumbres y maneras. El porcentaje
de personas obesas aumenta cada año; según el ministerio de sanidad y
consumo, más de un 16% de los españoles padecen de obesidad y uno de cada dos
españoles tiene exceso de peso. Estos relevantes datos nos llevan a explorar
más allá y a entrar en matices, ya que debido a la falta de tiempo para hacer
actividad física o para cocinar o comer la sociedad ha descubierto un nuevo
mundo de rápida gustosa y poco nutritiva alimentación preparada en el que se
deja de lado la minuciosa preparación del plato de caliente. Así pues cada vez
son más la cantidad de cadenas de restaurantes de comida rápida que van
apareciendo y de esta manera la gente cada vez va conociendo, probando y
descubriendo más acerca de ésta y con ello aumentando sus posibilidades de
consumo. Tal y como explicamos este ejemplo de la comida rápida existen otros (bollería
industrial, bebidas revitalizantes…) que igualmente llevan a la degradación de
la dieta típica haciendo perder el interés por ésta.
La
pérdida de las típicas costumbres alimentarias lleva al descubrimiento de otras
nuevas; mejores? Ahora lo que se ha hecho es cambiar la base de una pirámide
nutricional por la base de una pirámide del gusto, todo ello promovido por la
comodidad y la capacidad de la sociedad para cambiar de “lo bueno a lo que me
gusta”.

